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Crecemos juntos |
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Mi experiencia personal
Durante meses, me hicieron pruebas de todo tipo, escáner, radiografías, infiltraciones, etc., sin conseguir ningún resultado. Lo único que me mantenía sin dolor era la dosis diaria de analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares que, por otro lado, me dejaban completamente sedada y me impedía seguir con mi vida normal. Después de 8 meses mi estado general era caótico, no podía hacer frente a actividades tan normales como cuidar de mi hija, ir a trabajar o disfrutar de una reunión en familia. Mi sistema nervioso se vino abajo y cualquier cosa me alteraba, el nivel de estrés y ansiedad empezaban a hacer mella no sólo en mí, sino en mis relaciones de pareja y amistades.
Bien, tengo que decir que me resigné, no luché. Mi estado de ánimo era tan bajo que no quería hacer nada, no deseaba que me marearan más con pruebas y conjeturas que no llevaban a ninguna parte. El dolor se hacía soportable a base de medicamentos que me anularon todo lo que yo era, mi empuje, mi personalidad, mi valentía... Un familiar muy cercano con quien yo tenía mucho contacto vino de Madrid, después de un fin de semana en el que estuvo haciendo unos cursos de una técnica que aseguraba podía ayudar a las personas a eliminar dolores, enfermedades crónicas, etc. Ni siquiera le pregunté en qué se basaba, ni qué técnicas empleaba, tan sólo le dije: ¿Me va a doler? Como la respuesta fue negativa, me presté a ello. Para ser sinceros, lo único que sentí fue mucha relajación, no paraba de suspirar, sentía que me faltaba el aire y necesitaba abrir mi pecho y dejar entrar todo ese aire que casi no me cabía en mis pulmones. Me llamó la atención el calor tan increíble que desprendían sus manos y la sensación de dejar de notar mi cuerpo. Me marché a casa, quedando para el día siguiente recibir mi segunda sesión. A llegar la noche, mi dosis de pastillas, como siempre, pero me di cuenta de que no me dolía. Dudé en tomarme el analgésico y decidí no hacerlo. A la mañana siguiente tampoco necesité de pastillas para el dolor, tan solo el antiinflamatorio y el relajante muscular. Mi segunda sesión fue muy reveladora, noté como algo entraba dentro de mí, me llenaba de fuerzas y sentí la necesidad de aprender a hacerlo por mí misma. Lloré bastante durante la sesión, mi angustia atrasada empezó a salir y necesitaba expresarla, a pesar de haber llorado tanto durante todo el proceso de la enfermedad. Esa noche, la segunda de tratamiento, mientras compartía con mi familia una cena empecé a reír, por primera vez en muchos meses y al hacerlo, mi boca se abrió. No me lo podía creer!! volví a cerrarla y ni me atrevía a volver a abrirla, por miedo a que todo hubiera sido una ilusión. Pero lo hice, fui poco a poco, probando hasta donde podía abrir y me di cuenta de que había recuperado casi por completo la apertura. Leí libros, busqué información y decidí que había llegado mi momento. Casualmente me hablaron de un maestro aquí en Málaga y fui a verle. Sentí que había empezado una nueva etapa en mi vida. Tras la iniciación ya no he sido la misma, ahora siento que cada segundo de mi vida es importante y aunque el proceso de aprendizaje ha sido y sigue siendo largo y en ocasiones duro, no me arrepiento de haber tomado este camino.
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